Tuesday, January 10, 2006

A Claudia: por ser, por estar

Escribo desde un Bibliotren; sí, desde el mismo que nombré antes y donde leí "Anillo de Moebius". Un lugar bastante grato, aunque la bibliometrotecaria es algo tonta. Los bibliometrotecarios son un caso. Se los digo yo que los conozco a casi todos y que incluso un día fueron el tema central de uno de mis cuentos. Sin embargo el lugar pesa más que la mujer. Uno puede leer tranquilamente, incluso puede conectarse a internet y hacer lo que hago en estos precisos momentos. Otra ventaja es que uno puede hojear el libro que quiera y nadie te molesta. Sacas el libro, lees y listo. Aquí fue donde hojeé por primera vez la antología "Los dominios perdidos" de Teillier. Leí un par de poemas al azar, y cuando cerré el libro me dieron ganas de llorar. La nostalgia de esas páginas, la melancolía impreganada en cada una de las palabras eran un descubrimiento que nunca pude olvidar. Tiempo después me compré esa antología, pero se la regalé al Curi. Después la volví a comprar y desde ahí me acompaña en mi casa. Es uno de los pocos libros de poesía que descansan en mi velador. Me gusta la poesía, pero más me gustan las novelas y los cuentos. Eso sí, creo que la poesía es el género más elevado, el más artístico por decirlo de algún modo. Sin embargo tengo algo con la narrativa que es como si fuera una relación casi sanguínea. Juan Luis Martínez, Enrique Lihn, Parra, Vallejo, Pessoa, Borges, han dejado una huella en mi memoria literaria, no obstante aún ninguno poeta ha podido marcarme tanto como Bolaño, por citar un ejemplo. Un mal ejemplo en verdad, porque también era poeta y "Los neochilenos" es un gran poema, y "Un paseo por la literatura" tiene la nostalgia inalcansable de Teillier. Pero me quedo con sus novelas y principalmente con "Los detectives salvajes". El mundo que me rodea sabe cuánto estimo ese libro (sino pregúntenle a Francisco, a Esteban, al Curi o mejor aún, a Claudia). Es la novela que cambió mi forma de mirar el mundo, ya lo dije. Hace un par de noches hablábamos con Curi (que a todo esto es el famoso cuentísta Sebastián Lehuedé(Famoso no es sinónimo de notable, ni de bueno, ni de genial; sino de mediocre, de plagiador, de ahí no más)) y salió además del nombre de Bolaño, el de Nietzsche. Sí, está algo gastado el nombrarlo, por lo mismo no me adentraré más en él. Solo diré que después de leer "Así habló Zaratustra" también cambió mi modo de pensar. Pero no en todo sentido, sino con respecto a la Voluntad: el punto más sobresaliente, creo yo, de la propuesta de Nietzsche. Después de esta conversación me quedé pensando en la voluntad e inevitablemente apareció la cobardía. Hace un par de días dos mujeres me dijeron que era un cobarde. Una me lo dijo implícitamente, la otra me lo dijo explícitamente. Puede ser, no lo niego. La valentía no es una cualidad que poseo, y por lo mismo creo que me marcó tanto "Los detectives salvajes". Por el asunto de la valentía de atreverse, primero, a buscar a Cesárea Tinajero, o sea buscar el absoluto. Y segundo, porque a pesar de que muere Cesárea, ellos son capaces de seguir viviendo e incluso de buscar otros absolutos. Ulises Lima está enamorado y viaja a Israel. Belano sigue leyendo y escribe. Ese es el motivo de mi facinación por esta novela. Porque tiene implícito un vitalismo y una valentía que me hace falta, y que día a día he buscado pero que desafortunadamente no he encontrado. Belano y Lima son de esos hombres que ya no existen, ni en la vida real ni en ninguna parte. Sabemos que en la realidad uno murió atropellado por un camión y el otro por una enfermedad curable. Los dos tuvieron un final absurdo, aunque creo que era el único final que podían tener. Le hicieron un homenaje al gran maestro Kafka, otro de esos hombres que ya no existen.
Tengo pegado en mi memoria el día que le conté a Claudia el final de "Los detectives salvajes". Sé que no debí hacerlo, pero el momento era ideal. Estábamos, para variar, en el Café Mosqueto. Oscurecía pausadamente, conversábamos de la vida, del matrimonio, de los hijos, de nuestro futuro, de nuestros sueños, de nuestros amores, de La Maga, de Cortázar. En la vitrina del café yacía "Los detectives salvajes", y de pronto le confesé que mi mayor sueño frustrado era conocer a Bolaño. Me miró con sorpresa y le relaté la vez que terminé de leer la novela. Si tuviera que describir cabalmente ese momento, cuando yo le contaba la muerte de Cesárea, creo que no lo conseguiría. Fue notable, antologable, inolvidable, indeleble. Fue una de esas pocas veces que he sentido que además de nosotros, no existe nada más. Sentí que me escuchó con tanta atención que estoy seguro que nunca más alguien me podrá escuchar mejor que ella. Esa es una de sus principales cualidades: escuchar. Nadie mejor que ella lo hace, y eso se lo agradezco y se lo agradeceré por el resto de mi vida.
El 31 de diciembre que pasó, fui con el Curi a una especie de junta que hizo la gente de taller. Ahi hablámos un sin fin de cosas, pero hay una frase o mejor dicho un comentario que hizo Esteban, uno de los pocos amigos que me ha brindado la literatura, acerca de la importancia de las personas en la vida de uno. La verdad es que hablaba de amor. Y me dio a entender que uno podía medir la importancia de una mujer en la vida de uno, pensando si le podría dedicar alguna vez un libro. Hay gente que pensará que es tonta la reflexión, pero yo la encontré genial, y me hice esa pregunta: ¿Hay alguien a quién le podría dedicar un libro mío?. Bueno, sí y creo que ya saben a quién es, por lo mismo nombrarla está de más.
Ahora, me bajaré de este Bibliotren y me iré a vagar por San Diego. Y obviamente que me compraré más de algún libro. Después les contaré cuáles. Hace poco leí "Ciudadano en retiro" de Costamagna. Me gustó, no, miento: me encantó. Tiene errores, pero es buenísimo. Le encontré una similitud con Onetti. Onetti es excelente. Hablando de Onetti: Hace un par de horas arrendé en la biblioteca de Santiago "El pozo". Lo voy a releer. No sé por qué, pero lo haré. Se los recomiendo. Es breve pero genial. Otro día hablaré de él, con calma. La misma calma con la que relata Onetti, la misma con la que nos interna en su mundo de Santa-María y nos destruye a palabras. Los héroes de Onetti son cobardes, pero tiene una cobardía distinta a la de los demás cobardes que conozco. Son algo así como cobardes admirables. Los que lo han leído me deben entender; los que no: léanlo, es necesario. Roa Vial me dijo un día que a Onetti aún no lo digerimos. Lo miré asombrado: es verdad, aún no lo digerimos. Ese día también me dijo que la genialidad de Bolaño residía en que tenía un mundo propio, en que creó un mundo propio. Lo volví a mirar asombrado y se me vino a la mente esa tarde en el café Mosqueto: Claudia me miraba igual.


8 comments:

Anonymous said...

Mi niño lindo!!!, puta q te quiero!!! contigo lo he pasado la raja y he conocido muchas cosas nuevas gracias a ti. ¿Cómo no te iba a escuchar el relato q hiciste de "Los detectives salvajes", si tu narración estaba llena de pasión, admiración y encanto??. En todo caso, tu sabes q yo siempre voy a estar ahí pa escuchar lo que quiera decir, aun cdo piense q son puras weas, yo te voy a poner la misma atención de siempre. Weno mi guacho, ahora me voy al tuto, un beso enorme y un abrazo. Espero q nos juntemos luego ok???. TQMMM!!!, Clau.

Sebastián Lehuedé said...

Yo insisto en que uno tiene que ocultar algunas cosas. Como tú dijiste que decía Onetti cuando yo lo dije: no hay que casarse con la literatura; hay que tenerla de amante.

Sebastián Lehuedé said...

Estoy enojado contigo ahora después de la discusión sobre Wittgenstein. No sé cómo puedes decir que es EL fil{osofo del siglo XX, siendo que así te saltas a Whitehead y a Husserl.
No voy a volver a hablar contigo hasta que te retractes.
Siempre tú hablando de Wittgenstein. Estoy aburrido. Pareciera que es el único filósofo que conoces.

Diego Zúñiga said...

A Curi: 1)No me he casado con nadie.
2)Podríamos empezar a leer a Onetti... no estaría mal. 3)Podríamos decirle a mundo la verdad sobre nuestra relación con Wittgenstein, porque hay gente como Claudia, que nos cree, o más bien te cree. 4)Whitehead y Husserl no me agradan porque son como los filósofos franceses contemporáneos: lo dan todo por sabido y no explican nada. Me quedo con Adorno (Cortázar tenía un gato con ese nombre), Bloom (no es el crítico que tú conoces), Dilthey, Jaspers, Lúckacs, Scheler, y cómo olvidar al gran Spengler... Salúd por Spengler...

Sebastián Lehuedé said...

Mira po! Quién habla de leer a los autores! El que critica un libro después de leerse la contratapa!
Bueno, es exagerado, pero es una pesadez y una pesadez admite cualquier tipo de pesadeces.

Sebastián Lehuedé said...

Como diría Max Scheler: Ciego axiológico.

Diego Zúñiga said...

qué libro critiqué después de leer la contratapa?

Sebastián Lehuedé said...

Exageré. Pero mira:
Un día empecé a hojear "Trainspotting" y no me gustó.
(Dije que exageré con lo de la contratapa).
Ya, estoy viendo el conteo de votos.