Iba con una mala predisposición. Lo reconozco. Iba a ver una película mala, o deficiente, o fallida. Y mis expectativas eran bajas, supongo, porque Revolutionary road me parecía una historia difícil de llevar a la pantalla grande, difícil de adaptar. Y no, claramente no tengo problemas con Sam “belleza americana” Mendes, no, al contrario, creo que es un buen director, pero había algo, una sospecha, la desconfianza, quizás, de volver a ver juntos a Kate Winslet y Leo DiCaprio. Con él, sobre todo, eran mis problemas. Porque bueno, Kate es bella, guapa, inteligente, y ya había actuado en una película sobre los suburbios gringos (Little children), y le había resultado un gran personaje. Pero el problema era Leo.
Sentía que desentonaba.
Y creo que acerté.
Aunque, quizás, sólo en eso. Porque la película resulta mucho mejor de lo que esperaba. Sam Mendes consigue, por momentos, retratar esa notable historia que contó hace varios años Richard Yates, con la misma precisión del narrador norteamericano. De hecho, logra momentos memorables como la última discusión que tienen los Wheeler, cuando el hijo que está loco encara a Frank y ahí estalla todo. Un momento de aquellos. O la imagen de April fumando, luego de perderse en el bosque. Escenas en las que Sam Mendes consigue soltarse y recordarnos que eso es cine.
Sin embargo creo que esa soltura aparece sólo hacia el final de la película. Antes hay mucha preocupación, creo, por ser fiel al libro, a la historia, y en esa apuesta por la fidelidad, Sam Mendes se pierde, se apresura y no consigue recrear el verdadero drama de los Wheeler. Ese drama que pierde espesor por cierta ligereza de algunas escenas, por cierto apresuramiento, como es el caso de la escena cuando Frank se acuesta con una secretaria y llega a su casa y April y sus hijos lo están esperando para celebrar su cumpleaños. Ese momento, por ejemplo, en el libro tiene un peso dramático notable, pero en la película no. Como tampoco el caso de cuando April le es infiel a Frank. Todo resulta pasar muy rápido y la escena sólo queda en la anécdota. De hecho, en esa escena cuando April tira con el vecino y éste le dice que la ama, la gente se rió, y sí, la escena resultó cómica, pero en el libro todo era más patético, no tan superficial. Y claro, sin duda que Sam Mendes optó por darle ciertos chispazos de humor (no recuerdo que la novela haya tenido ese humor, así que me imagino que es obra del director), pero en momentos como la escena antes citada, me parece una mala opción. Como también me pareció una mala opción la escena con la que termina la película.
Sentía que desentonaba.
Y creo que acerté.
Aunque, quizás, sólo en eso. Porque la película resulta mucho mejor de lo que esperaba. Sam Mendes consigue, por momentos, retratar esa notable historia que contó hace varios años Richard Yates, con la misma precisión del narrador norteamericano. De hecho, logra momentos memorables como la última discusión que tienen los Wheeler, cuando el hijo que está loco encara a Frank y ahí estalla todo. Un momento de aquellos. O la imagen de April fumando, luego de perderse en el bosque. Escenas en las que Sam Mendes consigue soltarse y recordarnos que eso es cine.
Sin embargo creo que esa soltura aparece sólo hacia el final de la película. Antes hay mucha preocupación, creo, por ser fiel al libro, a la historia, y en esa apuesta por la fidelidad, Sam Mendes se pierde, se apresura y no consigue recrear el verdadero drama de los Wheeler. Ese drama que pierde espesor por cierta ligereza de algunas escenas, por cierto apresuramiento, como es el caso de la escena cuando Frank se acuesta con una secretaria y llega a su casa y April y sus hijos lo están esperando para celebrar su cumpleaños. Ese momento, por ejemplo, en el libro tiene un peso dramático notable, pero en la película no. Como tampoco el caso de cuando April le es infiel a Frank. Todo resulta pasar muy rápido y la escena sólo queda en la anécdota. De hecho, en esa escena cuando April tira con el vecino y éste le dice que la ama, la gente se rió, y sí, la escena resultó cómica, pero en el libro todo era más patético, no tan superficial. Y claro, sin duda que Sam Mendes optó por darle ciertos chispazos de humor (no recuerdo que la novela haya tenido ese humor, así que me imagino que es obra del director), pero en momentos como la escena antes citada, me parece una mala opción. Como también me pareció una mala opción la escena con la que termina la película.
En el fondo hay una contradicción constante que recorre toda adaptación cinematográfica. Esa contradicción se mueve entre los terrenos de la fidelidad. ¿Ser 100% fiel al libro o no? Creo, en lo personal, que esa fidelidad hay que olvidarla a ratos, que más que adaptar una historia, lo que hay que hacer es una lectura de ella. Y como cada lectura es distinta, se pueden conseguir cosas notables como No Country For Old Men: un libro regular del cual salió una película notable. Y eso es porque los Coen le dieron una nueva lectura. Claro, fueron fieles a la historia, pero le agregaron algo. Y ahí está la clave. En ese agregar.Como me pasó con Las vírgenes suicidas, donde sentí que Sofía Coppola no se la jugó por la historia, en Revolutionary road sentí que Sam Mendes no se la jugaba por completo, ni por la historia, ni por una estructura distinta (y ojo que el libro tiene una estructura bastante singular), ni tampoco por crear personajes memorables: Frank acá aparece como un tipo que fue demasiado ganador, pero uno nunca logra sentir el fracaso detrás de todo; April es dejada a un segundo plano, cuando ELLA es la verdadera protagonista; el hijo loco resulta una maqueta y los vecinos tampoco llegan a ser esa pareja de moralistas y envidiosos que retrató Yates.
Y a pesar de todo eso me parece que es una película que vale la pena ir a ver, por momentos como los que cité al comienzo, por esa escena de Frank observando, tras la ventana, cómo fuma April, luego de haberse perdido en el bosque. Cuando vi esa escena dije: aquí está Sam Mendes.
El otro momento fue el final. O cuando creo que debió terminar: April mirando por la ventana, mientras le corre la sangre por entre las piernas. Ahí debió terminar. Esa era la escena. Ése era el final. Ahí estaba la mano de Sam Mendes. Ahí había que cortar, quizá dejar que llamara por teléfono. Corte. Fin.
Ok, no se habría sido fiel al libro, ¿pero qué mierda hubiese importado cuando ESA era la escena en la que la historia conseguía llegar a su punto más alto, dramáticamente hablando?
Ahí.
Corte.
Fin.
6 comments:
En vista y considerando las circunstancias:
Yo creo que lo más saludable es separar las cosas a la hora de ir al cine. Así, sin grandes ilusiones de esto o de lo otro. Y sin la romántica ilusión de que esto o lo otro es inherente al cine o a la literatura y a la historia o al relato. Es grandísimo el riesgo. Hay depresiones y suicidios esperandonos a la salida del cine, diego.
Por otra parte, y como para mostrar la abierta subjetividad: algo similar me sucedió con "Soy Leyenda". La novela (o relato largo si se quiere) me pareció excelente, con un final maestro, cototo. Pero la película mostró otro desarrollo, otra trama, otro final, pero no me desconcertó.
De hecho, la encontré buena. Entretenida. Fui amable con ella y le di la oportunidad de divertirme, con Will Smith y todo.
Ergo, puede que mis gustos personales influyan en mi veredicto.
Pero tengo aspirinas.
Diego: sí, tal vez debió cortar cuando empieza a caer la sangre entre las piernas de Kate W. Sí, no hubiera sido un mal final. Pero la verdad, la única reflexión que me surgió luego de tu post (vi la película casi cuando se estrenó), fue la siguiente: se nota que mi amigo no se ha casado, que todavía no cumple treinta años y, también, que el verano no es una influencia despreciable. Todo esto dicho con muchísimo respeto, todo el respeto que cabe en esta ocasión. Comprendo lo antipático que puede resultar mi comentario, lo equivocado incluso que puedo estar, pero hay ciertos matices que, desde acá, creo que Mendes sabe captar a la perfección. Tampoco pretendo hacer pesar el contexto de cada uno para justificar la película. Hablo sólo a partir de experiencias personales que -insisto- para mí hicieron que la película resultara significativa.
Saludos,
CGO
hijo, le hizo mal el curso de crítica de cine.
rodrigo: es cierto, lo más saludable es separar las cosas, aunque creo que es difícil. Sobre todo cuando la novela adaptada es TAN buena... en este caso me declaro culpable. No fui capaz de separar esas cosas... jaja asi que nada, más que una crítica, esto es la lectura de un tipo que leyó un libro brillante y que fue a ver suu adaptación más que una película.
Cristián: primero: te envié un mail! esta vez creo que sí va la revista!
segundo: entiendo lo del contexto, de hecho lo comparto... en general lo comparto como un buen argumento que de hecho lo pienso y lo repienso... ahora, como le dije a rodrigo, siento que fui a ver una adaptación más que una película y quizá ahí radique el error. Creo que es una posibilidad, válida igual, pero claramente uno no puede analizar la película como debiera. Y claro, ahi también entra el tema del contexto de mi propia vida. Aún no estoy del lado de alla, así que no sé cómo será verla así, pero, a pesar de eso, insisto en la idea del final, y en la idea del apresuramiento de ciertas escenas que le restan drama a la historia. Ahora, el también me pregunto por qué capto esas sutilezas, de las que hablas y que creo entender, en la novela (y en los cuentos de carver y cheever y otros más), y no en la película. AUnque bueno, probablemente si la viera una segunda vez, ya ajeno a mi estupida idea de ver una adaptación, quizá lograría captar eso.
Hijo: es cierto, creo que la crítica de cine (y de todo) no es lo mío. Aunque eso no significa que la vaya a abandonar.
Usted sabe, hijo: siempre he querido ser un crítico cool, aunque creo que para eso debo leer a barthes y a derrida!!! jaja, y a james wood!!! y en fin, a varios más... pero bueno, por mientras continúo, como tan bien dijo una vez una chica, con mis críticas impresionistas!
Saludos!!!
Basar un aprendizaje en el logro de tensiones o momentos cándidos tiene su qué, pero creo que si ha de partir por algún lado, ese lado es el sitio del logro revolucionario: aportar a ese lector fantasma (que podría ser cualquiera) aquello que sientes que puede ayudarlo a crecer. Conste, no dije madurar; crecer, abrirse, la posibilidad de conocer más y de comprender mejor y de ser más.
Me gustó el texto, Diego, pero hay una idea que me ronda hace tiempo y es la falta de politización que hay en tus escritos. Está bien que ocupes un puesto en un oficio en la Católica, pero no será hora ya de declarar hacia dónde apuntas con esto que es tan hermoso y que sabemos que te anima?
No creo que sintonice esta película triste y apasionada mucho el espíritu de Yates más que en escenas concretas, aquellas en las que describe el vecindario. Más bien se parece a una versión doméstica de ese gran vindicador de Yates que feu Tennesse Williams. Muy buenos actores, una dirección muy elegante y un empeño admirable en cuanto a intensidad.
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