Thursday, April 09, 2009

Barrio Miseria 221


UNO. No estoy muy seguro del recuerdo, pero creo era así: Una escena de violencia en una ciudad latinoamericana. Un hombre escondido en un hotel porque había un Golpe de Estado, o un motín o algo así. Mi memoria es fallida, pero la escena está ahí: el hombre en ese hotel esperando que las cosas se calmen para poder arrancar. Las balas, la muerte y el hombre encerrado en ese hotel de una ciudad latinoamericana que no recuerdo cuál es.
La escena es de Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier, y se me vino a la mente después de leer Barrio Miseria 221, el cuento largo (o novela breve) de Daniel Hidalgo (1983), publicada por Animita Cartonera hace un par de años.


DOS. No conozco Valparaíso. Alguna vez pasé por los cerros, pero nunca estuve ahí por más de unos minutos. El asunto es que en mi cabeza la idea de Valparaíso está encerrada en el cliché: una ciudad maravillosa, inolvidable. Un puerto de aquellos, con sus cerros y toda su historia. Un patrimonio de la humanidad y esas cosas. Los lugares comunes que se contraponen con otros: reportajes de Chilevisión y Mega, en los que se muestra al puerto como un antro de la perdición y otras cosas.
Barrio Miseria 221 está ubicado en Valparaíso. La historia ocurre en el puerto y muestra una cara de esta ciudad que se aleja de esos clichés antes mencionados. Acá hay violencia, hay tristeza y hay belleza, pero todo entendido como una ciudad Latinoamericana que por más de evitarlo, termina por asumirse: la ciudad de Los pasos perdidos podría ser Valparaíso.


TRES. La ciudad Latinoamericana y la violencia son, para muchos, dos cosas que cuesta separar. Por supuesto que exagero, sin embargo no deja de ser interesante pensar en la novela de Alejo Carpentier, en la que el protagonista termina yéndose a la selva y alejándose de esa barbarie llamada ciudad.
Tiempo después los personajes ya no podrán irse. Tendrán que convivir con la violencia. Se hará una costumbre. En Sao Paulo, en Lima, en Buenos Aires, en Medellín. En los países Centroamericanos, en el D.F.. Sí, sobre todo en México. Y también en Chile.
La violencia como un lugar común. Como la normalidad.


CUATRO. La historia de Barrio Miseria 221: Un grupo de amigos, punks, que sobreviven en Valparaíso. Una pareja, unos amigos, una traición. Suena The Clash. El microtráfico. Una banda de pendejos llamada Las Ratas: pendejos perdidos en los cerros, que deambulan buscando quién les venda marihuana. O lo que sea. Y estos amigos que comienzan a morir. Aparecen muertos en Valparaíso. Nadie sabe nada. Sólo los cuerpos con muchas heridas. La tristeza del abandono. En el fondo es eso: personajes abandonados a su suerte. No hay familia, no hay pasado, y si lo hay es algo que ya olvidaron.


CINCO. Por supuesto que el tema de la violencia no es lo principal de Barrio Miseria 221. También está la amistad que recorre el texto, el grupo de amigos que se acompañan en este Valparaíso que parece un lugar maldito. Ellos viven en esa otra cara, en la que no tiene que ver con el patrimonio de la humanidad ni nada de esos clichés. Los amigos se acompañan, discuten, se traicionan, pero por sobre todo están ahí hasta el final. Los que no llegan es porque murieron. Pero están ahí. Y comparten un imaginario pop que le da una atmósfera especial al texto. Acá no todo es miseria, violencia y drogas. Hay una cultura que se comparte, y en ese sentido el uso de la cita pop funciona porque justamente le agrega ese plus: en medio de la barbarie y la desolación, hay momentos que generan el equilibrio en la historia.

SEIS. Sin embargo lo que recorre el texto es la violencia de la que he hablado, una violencia que puede ser explícita (como ocurre con las muertes y con el final), como también implícita (como se va delineando a lo largo de toda la historia, en la que se hace latente en los movimientos de estos amigos) una violencia que está en sordina, a punto de estallar. Quizá por eso el protagonista, que es decepcionado por su novia y sus amigos, de todas formas sobrevive: la violencia está ahí, a la vuelta de la esquina, y hay que estar atento.


SIETE. Al final del texto hay una opción por redimirse, por abandonar todo lo que empezó a generar las muertes. No es una opción moral ni mucho menos. Sólo es la decepción y el cansancio. Pero la violencia está ahí, es como si no existiera escapatoria. Están jodidos. Para siempre. Es lo que sucede en novelas como La virgen de los sicarios, aunque Vallejo apela a una violencia más descarnada. A pesar de esto la relación existe: Medellín es como Valparaíso, aunque ahí no hay caras bonitas ni patrimonios de la humanidad. Sin embargo el diálogo se haría más explícito con las novelas del gran Horacio Castellanos Moya: aunque acá no hay ciudad latinoamericana, sino que hay un país: El Salvador. Es el odio llevado al paroxismo en El asco, y la violencia silenciosa que se teje en Insensatez, la novela en la que un hombre debe corregir el informe de tortura contra los indígenas de un pueblo centroamericano, y que finalmente termina bordeando la locura por la imposibilidad del trabajo: es la violencia que no se muestra, pero que está latente en la historia. Como en Barrio Miseria 221, aunque finalmente en el libro de Hidalgo no hay salida: ni la locura puede contra la violencia.



Posdata: Agradecimientos a Sebastián, por prestarme el libro. O en realidad por permitir que lo sacara sin su permiso. O algo así.

9 comments:

Anonymous said...

Yo leí el texto hace ya un buen rato. Me lo envío Daniel vía email. Me encantó, pasé un buen rato leyéndolo. Para mí es una joya.

Saludos
Daniel Cardona

Bisama said...

tesis: no es un libro sobre valpo sino sobre playa ancha lo que es más terrible y más interesante. eso. saludos.

a,

ah: chequea thelifeonmars.blogspot.com. volví al blog y creo que este sí, este es el definitivo

Felipe said...

a hidalgo lo descubrí hace un tiempo a través de su blog, la verdad no he leído su publicación, pero supongo que debe ser igual de interesante que todo lo demás que le he leído.

a la espera entonces de algo nuevo, gracias por la recomendación.

Aloysius said...

diego

quisiera leer eso
aún lo venden?
a ver si lo busco
al volver de valdivia

si no, me prestas el cartonero?

abrazo
chau

baudelaire3 said...

Diego: pareciera que hay que leerlo. Una nota aparte: elimina esa muletilla del "o algo así". Ya basta, mi estimado. Es como el bueno de Bisama, que también tiene la muletilla de las comparaciones más estrafalarias. Postdata: no lo digo en mala onda ni nada, a Bisama y a ti todos mis respetos, sólo cuidado con esas muletillas.

Rodrigo said...

"UNO. No estoy muy seguro del recuerdo...".



Diego!!

yago dedalus said...

siempre me ha dado curiosidad las imágenes que tienen los latinoamericanos de las ciuadades latinoamericanas, las que conocen a través del registro periodístico más despiadado. de santiago sé, por ejemplo, que no se ve el cielo, creo que lo mismo pasa con el df. y me gusta ese dato por lo objetivo y metafórico. de medellín sé que los demás saben que es salvaje y asesina; y en parte es verdad. también es verdad que la cocaína es barata, las mujeres muy hermosas y mis amigos los mejores amigos del mundo (como diría una buena postal). creo que esas imágenes íntimas de la ciudad, las que la literatura volatiliza son las más vitales, lejos del prejuicio o, mejor, a despecho del mismo

LVR said...

Ojo con esta página, ya se viene un nuevo e-zine literario con plumas jóvenes: http://tinyurl.com/dypjkl

Anonymous said...

www.60watts.net