Thursday, June 04, 2009

John Cheever

He olvidado cómo se escribe un cuento.
Así empezaba, si mi memoria no falla, el cuento de un amigo que tenía 18 años. Era raro pensar que a los 18 años ya se le había olvidado cómo se escribe un cuento. Ahora también es raro pensarlo. Digo, ahora, cuando yo creo que también olvidé cómo se escribe un cuento. O probablemente nunca lo supe.
Sé que cuando comencé a escribir, siempre quise que fueran novelas. Terminé escribiendo cuentos porque necesitaba ver algo concreto a corto plazo. Pero siempre estuvo en mi mente lo de las novelas. Incluso pensaba que eran superior al cuento, que una novela te podía cambiar la vida y un cuento no. Todo esto hasta que leí La geometría del amor y las cosas cambiaron. Me dieron ganas de ser cuentista; de hecho, escribí un par de cuentos, pero finalmente la idea de la novela ganó.
Ya no pienso que uno sea superior al otro. A veces creo que escribir un cuento es más difícil que escribir una novela. Pero sólo eso. Hace tiempo que no escribo cuentos, aunque espero volver a hacerlo. Aunque quiero volver al tema de Cheever. De sus cuentos. De su Diarios.

Hay algo en sus relatos que me parece superior. Superior a los de Carver y a los de Hemingway. Es molestoso hacer comparaciones, pero a ratos es inevitable.
Tengo amigos que prefieren a los 2 que acabo de citar. Yo me quedo con Cheever. Hay algo luminoso en sus relatos, hay un giro en su escritura que me parece importante. No opta por el minimalismo puro, no opta por las frases breves y secas. Hay algo poético en su escritura que me hace admirarlo más. Hay imágenes que entre los cuentistas gringos sólo él ha retratado. Son imágenes que a veces tienen que ver con el surrealismo más que con otra cosa. Sus enumeraciones tienen eso. Y en sus Diarios se logra ver con mayor fuerza. Creo que fue Updike el que dijo que eran un gran poema, que no eran diarios, sino que un gran poema escrito en prosa.
Me quedo con eso, con sus cuentos, con el final de Falconer, que si hubiese sido un cuento largo habría estado al nivel de lo mejor de Cheever. Pero es importante el gesto. Esa necesidad Cheeveriana de escribir una novela. Ahí hay algo que meparece importante: a pesar de saber que era un gran cuentista, nunca se cansó de buscar esa novela que tanto quiso escribir. Es cierto, a veces es bueno aceptar las propias limitaciones y estar conciente de las cualidades, pero me parece mediocre no intentarlo. Ahí está el gesto y el riesgo, si quieren verlo así.

Escribir cosas imposibles, pero honestas. ¡Qué horrible palabra!, pero no sé cuál podría decir mejor lo que quiero decir.
Todo esto para contar que me gustaría escribir un cuento, pero que no lo hago hace meses.
Mentira: todo esto para transcribir 2 pasajes de los Diarios que me parecen notables.
Acá van:
"No disimular nada ni ocultar nada, escribir sobre las cosas más cercanas a nuestro dolor, a nuestra felicidad; escribir sobre mi torpeza sexual, el sufrimiento de Tántalo, la magnitud de mi desaliento creo entreverlo en sueños, mi desesperación. Escribir sobre los necios, sufrimiento de la angustia, la renovación de nuestras fuerzas cuando aquellos pasan; escribir sobre la penosa búsqueda del yo, amenazado por un extraño en correos, un rostro apenas entrevisto en la ventanilla de un tren; escribi sobre los continentes y las poblaciones de nuestros sueños. Sobre el amor y la muerte, el bien y el mal, el fin del mundo".

"Ayer me soltaron de la clínica de rehabilitación para alcohólicos. Pasar de la borrachera total a la sobriedad total es un cambio violento y desgarrador. Este momento, esta hora, es la suma del pasado no inmutable y la necesidad del futuro. No sé dónde empezó; tal vez pueda revivir este año dieciocho veces sin dominarlo. Diría que comenzó con la pantomima del otro lado del río y sigue esta mañana con un saludo seco, un vaso de zumo de naranja y un poco de café frío. En la casa, que contienen a dos personas, reina el silencio. Parece que mi salvación se encuentra sobre todo en la risa. En la risa y el trabajo. El alcohol cumplía una función incalculable. Creo que he perdido algunos originales. Aseguro que sólo me preocupa la posibilidad de que caigan en manos ajenas. No puedo asimilar la verguenza de haber perdido las amarras a causa del alcohol. Esta mañana me parece que he perdido diez kilos y veinticinco años. Una cosa es la vieja pereza que justificaba con la edad. Si quieres quitaré los postigos, pero mañana. Como. Tomo diecisiete tazas de café negro. Ya que digo que esto es un medio de comunicación, debo demostrarlo. ¿Qué tengo? El escudo, el alcohol; pero al cabo de un siglo, negro como el basalto en bruto, el ónice, la antracita. La representación de libertad y la justicia. La noche de los gatos. La visita, todavía incomprensible. Pienso en el O'Hara cuarentón que dejó esa mierda y pudo segur trabajando. Ha sido prácticamente el único.
He sufrido un cambio violento, pero nada más parece haber cambiado. En busca del beso de buenas noches, la única piel que encuentro es la de un codo. Los perros no despiertan antes del amanecer, y cuando pregunto qué puedo hacer, recibo una respuesta destemplada. Últimamente no disfruta cuando se acuesta conmigo. Soy el rey de la montaña, pero parece que nadie lo sabe. Puedes escribir sobre la partida de los invitados.
Día núm. 2. Todavía estoy muy nervioso, pero me parece que no tomaré Valium. Trataré de escribir sobre la libertad. Hay tres ocasiones de peligro. Una es la euforia de trabajar a tope; otra es la euforia del alcohol, cuando creo caminar entre las estrellas; y otra la euforia de la sobriedad total, cuando creo dominar el tiempo. El puente del lenguaje, metáforas, anécdotas e imaginación que construyo todas las mañanas para cruzar las incongruencias de mi vida parece, en verdad, muy frágil".

2 comments:

Maori Pérez said...

Qué clásico que es Cheever. Toda una dama de hierro del mérol gringo. Carver es su Jonathan Davis, necesariamente, y de ahí ha de partir toda la preferencia: de lo borracho de águila libre a lo borracho dicho con slap. Yo me entiendo.

Eduardo Varas C said...

Qué gran que es Cheever... gracias por esas palabras...