Sunday, January 31, 2010

La batalla salingeriana



Me acabo de enterar de la muerte de Tomás Eloy Martínez. Pienso que varios de mis profesores de universidad deben estar llorándolo. Pienso que varios de ellos, quizás los mismos, no les importó la muerte de Salinger. Es probable que no lo hayan leído y que no lo vayan a leer, y que cuando al día siguiente de que se supo la noticia vieron que La Tercera le daba 4 páginas a la muerte del autor de El guardían entre el centeno, se sorprendieron y se preguntaron por qué le dieron tantas páginas a un escritor que (se enteraron cuando leyeron alguna de las bajadas) había decidido encerrarse en su casa hace muchos muchos años atrás.

Por supuesto que el hecho habla por sí solo, y que pienso que en vez de dar a leer cualquier libro de Eloy Martínez, en las escuelas de periodismo deberían dar a leer Nueve cuentos. Por un tema de estructuras, por un tema de emotividad, por un tema de ver cómo se arma y desarma un personaje. Por un tema de lenguaje y cercanía. Por un tema de emotividad.

Eso: prefiero un periodista que lee a Salinger a uno que lee a Eloy Martínez

Tema aparte la influencia de Salinger en lo que se hizo durante la segunda mitad del siglo XX. Películas, música, libros, novelas gráficas. Tema aparte, aunque a veces molestoso, porque es cierto, por ejemplo, que Wes Anderson ha hecho películas extremadamente salingerianas, pero también es cierto que todo el gesto pop no tiene que ver, exclusivamente, con él. Creo. Ahora sólo queda esperar lo inédito, lo que aún no se ha traducido. Lo demás, las historias, lo que hizo y no hizo encerrado en su casa, da lo mismo. O nos debería dar lo mismo.


Acá, lo que escribí a horas de enterarme de la muerte.


Una batalla salingeriana

Pertenezco a la generación de quienes descubrimos a Salinger cuando íbamos en el colegio. Nos tocó leerlo de forma obligatoria, memorizarnos los nombres de Holden Caulfield y compañía para responder una estúpida prueba que ya todos olvidamos. Pero a Salinger no lo olvidamos. Al contrario, terminó siendo una invitación a leer, a entender que en los libros había un mundo con el que uno podía identificarse.

Por supuesto que no fuimos los primeros. Antes, por estos lados, Alberto Fuguet (“Mala Onda”) y Rodrigo Fresán (“Historia argentina”) ya habían entendido aquello y se habían transformado en salingerianos absolutos, haciéndole guiños a “El guardián entre el centeno” y “Nueve cuentos” en sus primeros libros. Ellos, y nosotros, creceríamos con Salinger como un héroe adolescente y Holden Caulfield como un Peter Pan oscuro del siglo XX.

Y es cierto que a ratos la leyenda se comía a Salinger, pero sus historias sustentaban el entusiasmo. Por eso no es errado pensar que influyó a toda una generación de narradores norteamericanos (Lethem, Chabon, Foster Wallace), teniendo como gran heredero a Ann Beattie y su “Postales de invierno”, libro que marcó los años setenta en Estados Unidos, convirtiéndose, para muchos, en “El guardián entre el centeno” de aquellos tiempos. Una historia en la que los jóvenes protagonistas recorrían una ciudad invernal mientras sufrían por amor y esperaban que apareciera un nuevo disco de Bob Dylan.

De alguna forma, esos adolescentes salingerianos nunca han dejado de existir, nunca han aceptado convertirse en adultos y formar una familia disfuncional como los Glass. Y todo, a pesar de que un día Salinger, el eterno guardían entre el centeno, decidió encerrarse en su casa de New Hampshire y guardar silencio. Un silencio que pareció ser la única forma de seguir luchando contra una vida llena de adultos infelices, aburridos, insoportables.

5 comments:

Daniel Hidalgo said...

Diego:

Está claro que la academia tiende a quitarle el sabor como a un chicle gastado a los textos, autores y figuras, pero creo que a los grandes hay que reconocerlos siempre. De no ser por Tomás Eloy Martínez la prensa de hoy, al menos ese espejo imaginario al que miramos, no sería la misma.

La versatilidad de éste es algo que jamás alcanzará ninguno de tus profesores, quienes se quedan en leerlo y leerlo mal como todo docente.

Siempre fue un agitador, una figura en la que convergían todas las formas posibles: ficciones, novelas, ensayos, periodismo en el mejor sentido de la palabra.

¿Qué sentido tiene compararlo con el gringuito aquel que se dejó descansar en apenas dos obras y cuyo logro más grande fue dejarse abatir por los horrores del silencio?

Creo que es injusto.

Saludos, te quiero, hermano!

Sr. Jueves said...

Hola Diego

No estoy seguro que me recuerdes. Conversamos alguna vez de Cheever, de Ethan Canin, de peliculas, etc. Incluso te felicité por tu primera novela, y me alegra que saber que al menos en las librerias que he ido ultimamente, más de alguna vitrina ya la coloca

Estoy empezando un blog de reseña de libros, partiendo con uno que se te gusta mucho

Te mando saludos desde acá, y te pido recomendaciones de otros blogs literarios (conozco solamente unos 8 buenos)

Saludos

PD: ambas muertes fueron trágicas pérdidas, siempre recuerdo el cuento "El Hombre Que rie" y por supuesto a Holden Caulfield. Aunque como te he dicho otras veces, siento que Fresan, y sobre todo Fuguet, estan sobrevalorados como escritores, pero son muy buenos criticos, sobre todo Fresan.

©Torneo de Caballeros (Moderador) said...

Hola, te queremos invitar a un torneo muy peculiar:

http://loscaballerosdeladamadecristal2.blogspot.com

Nos gustaría contar con tu participación.
También el que lo desee puede participar. Es libre para todos.

Saludos cordiales,

Veni Vidi Vici!!

Maori Pérez said...

Murió este blog?

mariano said...

yo soy argentino, tengo 36
y a j d salinger
lo llevo siempre guardado cerca
del corazon desde los 15..

y esta en mi blog como un fantasma en cada letra..
en mi humilde 80 semillas de 80...

buena crónica.