
Una batalla salingeriana
Pertenezco a la generación de quienes descubrimos a Salinger cuando íbamos en el colegio. Nos tocó leerlo de forma obligatoria, memorizarnos los nombres de Holden Caulfield y compañía para responder una estúpida prueba que ya todos olvidamos. Pero a Salinger no lo olvidamos. Al contrario, terminó siendo una invitación a leer, a entender que en los libros había un mundo con el que uno podía identificarse.
Por supuesto que no fuimos los primeros. Antes, por estos lados, Alberto Fuguet (“Mala Onda”) y Rodrigo Fresán (“Historia argentina”) ya habían entendido aquello y se habían transformado en salingerianos absolutos, haciéndole guiños a “El guardián entre el centeno” y “Nueve cuentos” en sus primeros libros. Ellos, y nosotros, creceríamos con Salinger como un héroe adolescente y Holden Caulfield como un Peter Pan oscuro del siglo XX.
Y es cierto que a ratos la leyenda se comía a Salinger, pero sus historias sustentaban el entusiasmo. Por eso no es errado pensar que influyó a toda una generación de narradores norteamericanos (Lethem, Chabon, Foster Wallace), teniendo como gran heredero a Ann Beattie y su “Postales de invierno”, libro que marcó los años setenta en Estados Unidos, convirtiéndose, para muchos, en “El guardián entre el centeno” de aquellos tiempos. Una historia en la que los jóvenes protagonistas recorrían una ciudad invernal mientras sufrían por amor y esperaban que apareciera un nuevo disco de Bob Dylan.
De alguna forma, esos adolescentes salingerianos nunca han dejado de existir, nunca han aceptado convertirse en adultos y formar una familia disfuncional como los Glass. Y todo, a pesar de que un día Salinger, el eterno guardían entre el centeno, decidió encerrarse en su casa de New Hampshire y guardar silencio. Un silencio que pareció ser la única forma de seguir luchando contra una vida llena de adultos infelices, aburridos, insoportables.
5 comments:
Diego:
Está claro que la academia tiende a quitarle el sabor como a un chicle gastado a los textos, autores y figuras, pero creo que a los grandes hay que reconocerlos siempre. De no ser por Tomás Eloy Martínez la prensa de hoy, al menos ese espejo imaginario al que miramos, no sería la misma.
La versatilidad de éste es algo que jamás alcanzará ninguno de tus profesores, quienes se quedan en leerlo y leerlo mal como todo docente.
Siempre fue un agitador, una figura en la que convergían todas las formas posibles: ficciones, novelas, ensayos, periodismo en el mejor sentido de la palabra.
¿Qué sentido tiene compararlo con el gringuito aquel que se dejó descansar en apenas dos obras y cuyo logro más grande fue dejarse abatir por los horrores del silencio?
Creo que es injusto.
Saludos, te quiero, hermano!
Hola Diego
No estoy seguro que me recuerdes. Conversamos alguna vez de Cheever, de Ethan Canin, de peliculas, etc. Incluso te felicité por tu primera novela, y me alegra que saber que al menos en las librerias que he ido ultimamente, más de alguna vitrina ya la coloca
Estoy empezando un blog de reseña de libros, partiendo con uno que se te gusta mucho
Te mando saludos desde acá, y te pido recomendaciones de otros blogs literarios (conozco solamente unos 8 buenos)
Saludos
PD: ambas muertes fueron trágicas pérdidas, siempre recuerdo el cuento "El Hombre Que rie" y por supuesto a Holden Caulfield. Aunque como te he dicho otras veces, siento que Fresan, y sobre todo Fuguet, estan sobrevalorados como escritores, pero son muy buenos criticos, sobre todo Fresan.
Hola, te queremos invitar a un torneo muy peculiar:
http://loscaballerosdeladamadecristal2.blogspot.com
Nos gustaría contar con tu participación.
También el que lo desee puede participar. Es libre para todos.
Saludos cordiales,
Veni Vidi Vici!!
Murió este blog?
yo soy argentino, tengo 36
y a j d salinger
lo llevo siempre guardado cerca
del corazon desde los 15..
y esta en mi blog como un fantasma en cada letra..
en mi humilde 80 semillas de 80...
buena crónica.
Post a Comment