Después leí otras reseñas y encontré que la mejor fue, por lejos, la de David Ponce. En otras vi decían que el concierto había estado fome (¿ah?) y otras cosas de ese estilo.
En fin, acá les dejo la reseña que salió en la Rolling Stone de agosto.
Posdata 1: Espero seguir actualizando esto más seguido.
Posdata 2: Se viene la próxima semana la actualización de 60watts y, ojo, que viene una sorpresa, donde hay involucrado palabras como Bolaño, cuento, inédito, casi, y cosas así.
Posdata 3: Está casi lista Camanchaca. Se viene para la FILSA. Cuando sepa fecha exacta, avisaré.
Foto: potq.cl
Un angelito desgarrado
Eran algunas palabras en español. No muchas, por momentos casi ininteligibles, pero salían de la voz de Cat Power mientras cantaba “Angelitos negros”, luego de una hora de concierto, en un Teatro Caupolicán en completo silencio, conmovido. Sí, mientras Cat Power cerraba la primera parte del recital con el bolero que convirtiera en éxito el mexicano Javier Solís, uno sentía que cada palabra que salía de la voz de Chan Marshall, a.k.a Cat Power, era una bomba llena de sensaciones melancólicas y dolorosamente bellas que explotó en ese momento, cuando entendimos que éste era un concierto de aquellos: el silencio de Cat Power y la ovación para cerrar la primera parte.
Luego vendrían 4 canciones más, pero probablemente ya nada sería lo mismo. El desgarro en la interpretación de “Angelitos negros” iba a ser inalcanzable. Aunque claro, antes de llegar a eso hubo que recorrer un camino que comenzó con “Don’t explain”, para luego continuar el viaje con temas, sobre todo, de sus dos últimos discos: “The Greatest” (2006) y “Jukebox” (2008). Así, entre canciones propias y covers que sonaban como canciones propias (algo en lo que Cat Power es experta), escuchamos, entre otros, a Janis Joplin, Joni Mitchell y James Brown con “Lost Someone”, en una versión donde recordamos que Cat Power dejó de ser, hace un buen tiempo, una exclusiva exponente del folk norteamericano, con un pasado grunge, convirtiéndose en una de las voces más notables de la escena independiente estadounidense, cercana al blues y al soul. Así lo dejó en claro “Lost Someone”, mientras la voz de Cat Power recordaba a Nina Simone en la intensidad de su interpretación, y por esos lentos movimientos en el escenario, cuando se movía hacia un lado y dejaba que el público apreciara la potencia de la Dirty Delta Blues Band, esos músicos que ayudaban a que cada tema pareciera una nueva versión de una nueva versión.
Cat Power, probablemente una de las discípulas más aventajadas de Bob Dylan, hacía gala de ese poder camaleónico en cada tema, llegando a hacer casi irreconocible “Satisfaction”, de los Rolling Stone, como también los propios, donde brillaron “Metal Heart”, “The Greatest” y “I don’t blame you”, con el que cerró el concierto, para luego despedirse del público lanzando rosas rojas y los papeles en los que tenía anotada las canciones.
Pero volvamos: probablemente el concierto se terminó antes, cuando Cat Power cantaba en un español casi ininteligible, cuando el desgarro llegaba a su máxima expresión y la palabra angelitos se convertía en un susurro que fue capaz de hacer olvidar ese pasado grunge, esos temas que no tocó (“New York, New York”, “Maybe Not”, “I found a reason”) y la lluvía que caía afuera del Caupolicán.
